No existes.
Jamás has existido.
Todo lo vivido ha sido producto de mi imaginación.
Nunca vas a existir, por más que yo quiera, por mas que intente creerme que si.
Eres una mentira y siempre lo has sido.
Ahora es cuando me estoy dando cuenta de todo, y no puedo evitar llorar.
Se que de nada va a servir pero necesito echarte de alguna manera de mi.
Te he creído lo mejor de mi vida en cuanto eras lo peor, también he creído que
eras especial, y me he dado cuenta que eres como todo el mundo, normal.
Tu imagen ha permanecido días, meses y años enteros en mi mente, como algo tatuado en
el fondo de mis pensamientos más ocultos.
Era como una adicta. Llegué a pensar que sin ti no podría ser feliz, que tu eras mi única felicidad.
Que triste que tuviera que descubrir la verdad con palabras duras y afiladas como cuchillos.
Y aún así seguí... Hasta hoy.
No estoy diciendo que a partir de ahora todo sea felicidad y mucho menos olvido.
No será fácil olvidar algo que mi propia mente ha creado, ha idealizado.
Dudo que alguna vez vuelva a sentirme tan viva y con los pies en la tierra cómo cuando hablábamos y me dabas a entender que yo existía también para ti, que te importaba.
Cuanto más me dabas más necesitaba.
Y ahora antes de sacarte de mi me pregunto como serás realmente.
No recordaré tu nombre con cualquier cosa que oiga en la televisión, ni tampoco me dará un vuelco el corazón al creer que te he visto entre la multitud, ni tampoco me quedaré embobada mirando cualquier coche que se parezca al tuyo pensando que puedes ser tu. Y mucho menos escuchar esas jodidas canciones que hacen que por un momento sienta que te tengo.
Se acabó.
Tu imagen se rompe en mi pedazos dentro de mis pensamientos, desapareces tu y todos tus recuerdos.
Adiós, encantada de no haberte conocido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario